
EN LA SALA DE EXPOSICIÓN – XXXIV
EN LA SALA DE EXPOSICIÓN – XXXIV Entonces, repentinamente, con la sensación de alivio, sobre todo, pero también el regocijo que trae consigo el afortunado acierto de haberse movido uno, apenas, un mínimo desplazamiento aleatorio en la cama, motivado por el calor, hasta dar con la caricia de la brisa que se cuela por la ventana entreabierta una tarde bochornosa, así vi disiparse la violencia con la que hasta el momento me había visto impulsado a recorrer la memoria de entonces en el 424, la urgencia de apelar a cada imagen generando, en la medida de lo posible, un relámpago




