EN LA SALA DE EXPOSICIÓN - 33
Pero su imagen, Ella misma, irrumpe y resquebraja — todo orden, como un cuerpo cuya inmensa gravedad, invisible hasta el instante mismo, ése en que los cálculos cambian y arrojan absurdos y el mapa entero se desgarra más allá del plano, burlara del primero al último afán de trazado en sucesión, de línea — sentido, extraviando de golpe los demás componentes del sistema, hasta entonces previsible, al menos un poco — afán de destino a mediano plano, al menos eso, al menos eso
Que hablen los hechos, me digo; que la exposición de estos refleje la visión — Pero
no hay visión desde el instante en que aparece Ella, retorna sin invocación, como salida de un sueño postergado en la memoria, traicionada la consciencia de necesidad: — marcha sin más vueltas, apenas el recuerdo del rumor de la estela, quizá su brillo; — y, en consecuencia, debo detenerme, cerrar los ojos — abrirlos al reflejo interno: una suerte de retablo — equivalente íntimo de esta sala, tu obra, Ana — y reorientarme —
Mas no — quieto; sería la perdición (lo ha sido antes, sin excepción); entonces — sí, pasos cortos, sin pausa, seguir, aunque prudentemente — equilibrio, mientras vuelve la certeza de poder, merced de mis sustancia, mis accidentes, todo en juego, alcanzar quizá algo más — y aventurar un nuevo rumbo, retomar la senda que — fe — significa, — fe — por tanto, — fe — adelante; pero, para ello, (antes), mientras un pie sigue al otro y el pendular se reduce de a pocos y halla uno el campo de intersección de diestra y siniestra necesariamente al frente, que así nacimos, también de a pocos, de donde provienen las señales del olfato, al principio de forma imperceptible, y la serenidad que se transmite a la médula, saber que el peso de uno se asienta, tonicidad de los miembros — y la vertical, más el sentido de pertenencia, como un faro, — control, parcial…, suficiente para hacer legibles trazos de espuma en la marea, vencer el vértigo, de cuanto vierten en caudal, desde todas direcciones al interior de la cúpula, los sentidos… — Como fuere: No ceder al impulso que solemos llamar nervioso, mucho menos si tienta al abandono, lo más fácil, siempre — regreso chapucero al espejismo —
Poco a pocos
Respira…
Hasta que los cuerpos de uno y otro cuadro responden en parte carne en parte minerales madera y aspereza de tejido de fibras elementales — reflejo parcial pero reflejo a fin de cuentas refracción potente que corta tanto y cuanto de uno de una parte de cuanto sumamos desde hace más tiempo que la primera huella de ninguna civilización pero menos que la constitución de un genoma en particular cuando empezó a ser posible soñar con la realidad de algo cuya primera aparición fue un nombre una palabra — en crudo directo institución y su perversión el mito que se extiende por debajo cobijado en las corvas del instinto presto a saltar del sudor de la nuca y el calor en el vientre — Ella acaso símbolo sombra luminosa de mi vacío — Y como ella para los demás cada quien sombras de padres y madres hoyos y silencios y rayos y caídas en peligrosa disposición tentadora adónde volver cuando en realidad nunca se estuvo arboleda de camino en Proust más comúnmente conocida también pervertida poética pueril de atardecer saudade en portugués — y brillo de luz cenital en catedrales un respiro — fe — hacia arriba y por tanto — rumbo uno — elevación
Respira
Poco a poco…
Sí —
