Quienes se enfrentan al arte se enfrentan a una ficción, pero a consciencia de la naturaleza del duelo. La ficción se presenta al lector, al oyente, al público en general, como tal: una representación parcial, producto del intelecto, de la aplicación de una serie de criterios y una interpretación de la realidad que la inspira. Cuando consta una advertencia de que tal o cual obra se basa en hechos reales, incluso cuando vemos que ésta refleja una porción de realidad de forma enormemente realística, debemos notar que, debido al lenguaje de la obra, a la técnica que emplea, resulta más claro aún que una reproducción completa de la realidad es imposible; ante nosotros luce una selección de elementos representados fielmente, lo que constituye de por sí una forma de planteamiento ficticio e implica una abstracción.
Citas, enfrentamientos: Sobre los rostros de Jhonathan Quezada Por Juan Pablo Torres Muñiz Las series, en general, se sostienen por la fuerza del motivo; éste justifica, en buena medida, la justa repetición de un objeto y explica, por supuesto, la…
La crítica no suele ser bien vista; no lo ha sido nunca, pero hoy menos que nunca. En las escuelas se habla de pensamiento crítico, pero casi no se lo practica: muy pocos profesores son capaces de diferenciar opinión de crítica, y la crítica en sí misma se opone frecuentemente al modelo complaciente de la educación personalizada, tan en boga. Se habla también de crítica positiva o constructiva, de una parte, y de crítica negativa, por otra, nada más en el afán de complacer, por evitar herir sensibilidades, sin ninguna base racional, por flagrante ignorancia del significado de los términos. La amplísima mayoría de gente ha adoptado en conversaciones dizque serias, un conjunto de términos cuyo significado desconoce y asume que, en última instancia, todo mundo se entiende apelando a conceptos más bien vagos, reduciendo, jibarizando complejos racionales a supuestos sentimientos; así, se oye aquí y allá que si la paz y la humanidad, que si lo espiritual y lo indefinido, en general, y que si el amor y el pueblo y la revolución, y un largo etcétera. Nada de crítica.
No hace mucho, la idea de ir de excursión a una región desconocida de bosque tupido sin equipo adecuado, aparte la vestimenta, sin llevar como mínimo un puñal o una navaja de usos múltiples, cantimplora, repelente, y ni qué decir de una brújula, le hubiera parecido a la amplísima mayoría de gente simplemente una locura. Por supuesto, será preferible la mejor tecnología, en caso se cuente con ella. Una hermosa lanza nativa sí que sirve, pero no como muchos otros instrumentos producidos después. Hoy en redes, sin embargo, es muy probable que nos topemos con un importante número de personas que sostengan que, para conquistar la jungla, basta creer que se puede, o sea, nada más creer en uno mismo, y salir dotado de flores de Bach, o inciensos, o inclusive sin eso, pero con los chacras debidamente alineados.