Y nosotros, qué: Sobre China, su uso de la Ruta de la Seda (BRI) y sus implicaciones por estos lares

Por Juan Pablo Torres Muñiz

Decir que China acelera el paso para convertirse en la mayor potencia mundial, no sólo a nivel económico, tecnológico y militar, sino también social, por el imperio de su concepción del mundo, carece de novedad. Que este proceso se debe, en considerable medida, al aprovechamiento de la llamada nueva Ruta de la Seda (BRI), un poco, sí, a nivel popular. Pero, aunque cada tanto surja la pregunta de qué papel cumplimos los hispanoamericanos en la nueva configuración del mundo, justamente con China a la cabeza, gracias a una impresionante gestión de relaciones internacionales, es realmente poco lo que se dice al respecto del impacto inmediato entre nosotros. Menudo problema.

Lo cierto es que la red ha sido tendida hace rato y ya habría que espabilar.

Los proyectos BRI (puertos, ferrocarriles, autopistas, etcétera) fueron diseñados para crear dependencia estructural mediante cláusulas que favorecen la resolución de toda clase de conflictos mediante el arbitraje en cortes chinas, y otro tanto consiguen mediante deudas «atrapadas».  Un caso emblemático es el del Puerto de Hambantota (Sri Lanka), donde la incapacidad de pago derivó en un arrendamiento a China por 99 años.

Pero acaso lo más interesante de la gestión internacional china en este circuito, así como en otros, no es la infraestructura, sino el modelo de «seguridad nacional ampliada» con que la acompañan. A través de él, los chinos vinculan estabilidad política a la protección de sus inversiones. Acuerdos de cooperación en inteligencia con gobiernos locales y venta de tecnología de vigilancia (Hikvision, Huawei) para monitorear potenciales «amenazas», constituyen una mayor garantía de dominio. Y sí, también lejos de Asia, aquí mismo.

 

[Expansión]

China ha expandido su influencia en Iberoamérica a través de la iniciativa de la Belt and Road (BRI), con proyectos estratégicos como el mega puerto de Chancay (Perú), operado por COSCO Shipping. Este puerto, con un 60% de participación china, es clave para el comercio transpacífico y refuerza la dependencia logística de la región hacia Beijing. 

Según investigaciones de Inmaculada Antúnez, Comandante del Estado Mayor de España y experta en geopolítica y seguridad, China utiliza estos proyectos para consolidar una dominación indirecta, combinando inversiones con influencia política y controles legales adaptados a sus intereses. 

El puerto de Chancay no es solo un proyecto comercial, sino un pivote geopolítico que permite a China: a) controlar rutas críticas hacia el Atlántico (vía Brasil) y el Pacífico Sur; b) presionar a gobiernos locales mediante cláusulas de arbitraje internacional que favorecen a empresas chinas; y c) influir en marcos legales, como leyes antiterroristas, para proteger sus intereses.

Que China promueve «legislaciones antiterroristas amplias» en países socios no es ningún secreto. Aunque justificadas como seguridad, estas pueden usarse para reprimir protestas contra proyectos chinos, y un ejemplo de ello lo vimos en los conflictos socioambientales en Perú, por minería e infraestructura, en los que las soluciones no transitan precisamente sobre la mesa.

El modelo de «seguridad securitaria» chino se expande y es compartido a través de: a) cooperación en inteligencia, es decir, acuerdos con gobiernos iberoamericanos para monitorear «extremismos», incluyendo disidentes políticos; b) armonización legal, como ocurre en los casos de Pakistán y Kenia, que han endurecido leyes antiterroristas bajo asesoramiento chino, a menudo vinculado a la protección de inversiones; y c) uso de tecnología, a través de empresas como Hikvision y Huawei, que proveen sistemas de vigilancia que facilitan la represión de opositores bajo el argumento de «lucha antiterrorista». 

 

[Sistematización]

China ha desarrollado uno de los sistemas de vigilancia masiva y predictiva más avanzados del mundo, integrando inteligencia artificial (IA), big data, reconocimiento facial y análisis de comportamiento para combatir el terrorismo (conforme lo definen ellos), el crimen y la disidencia política. Estos sistemas, liderados por empresas como Hikvision, Huawei, Dahua y ZTE, se exportan globalmente como parte de la iniciativa «Safe Cities» y la Ruta de la Seda Digital.

¿Qué tan lejos han llegado? Sistemas utilizados en Xinjiang identifican personas en tiempo real en multitudes, cruzando datos con bases de datos gubernamentales; de hecho, Integrated Joint Operations Platform (IJOP) clasifica a la población según su «nivel de amenaza» usando datos étnicos y religiosos; empresas como SenseTime y Megvii proveen algoritmos de IA a gobiernos aliados; plataformas como Sharp Eyes integran datos de redes sociales, transacciones bancarias y cámaras para predecir «comportamientos sospechosos». Por si fuera poco, Huawei y ZTE despliegan infraestructura 5G con capacidades de monitoreo embebidas, facilitando la interceptación de comunicaciones, y el Sistema de Crédito Social, aunque no es global, se usa internamente para restringir derechos basado en «puntuaciones» de comportamiento. 

China promueve su modelo de «seguridad inteligente» en países socios mediante financiamiento de «ciudades seguras». Países como Pakistán, Kazakhstan y Uzbekistán han adoptado sistemas chinos de vigilancia, justificados como parte de la lucha antiterrorista, «convencidos», además, por la condicionalidad de préstamos.

 

[De lado a lado]

Un efecto claro de la implementación del sistema chino de seguridad amplia es el refuerzo de regímenes autoritarios alrededor del globo. Gobiernos como el de Kazajistán o Serbia usan estas herramientas para reprimir oposición. En aras de la plena estabilidad económica, dicen.

Otra consecuencia es la dependencia tecnológica: los países socios quedan atados a estándares chinos, dificultando futuras alternativas occidentales, para colmo, considerablemente rezagadas.

Entonces, ¿qué tenemos por aquí?

Iberoamérica es un mercado clave para la exportación de tecnología de vigilancia china.

En efecto, el gobierno de Maduro implementó el Carnet de la Patria (base de datos con apoyo tecnológico chino) para control social, y además de eso usa cámaras Hikvision en protestas para identificar opositores. Por su parte, Ecuador y Bolivia adquirieron sistemas de monitoreo chinos bajo el pretexto de «seguridad ciudadana», mientras Brasil emplea reconocimiento facial con tecnología china, aunque enfrenta críticas por sesgos algorítmicos. 

Efectos: La erosión de privacidad, con legislaciones laxas que permiten uso masivo sin garantías, así como la influencia política que permite la vigilancia permanente de movimientos sociales y la detección de potenciales opositores a la línea de gestión imperante. En la Ruta de la Seda e Hispanoamérica, esto consolida alianzas con élites políticas, pero genera riesgos de aumento de la represión digital, pérdida de soberanía tecnológica (dependencia de China) y normalización de la vigilancia masiva, problema especialmente álgido en democracias frágiles.

 

[Alternativas]

Mientras la UE regula el uso de IA, China impulsa su modelo sin restricciones éticas. Algunos países como India y Reino Unido ya rechazan tecnología china por temor a espionaje. Lo cierto es que la disputa por el control de infraestructura digital definirá la geopolítica del siglo XXI. Y este dominio pasa, merced de la misma IA, por la articulación de ideas mediante el lenguaje racional, por tanto, también, por el control idiomático.

A fin de cuentas, los idiomas no son sino tecnologías de comunicación, y el nuestro, de los potentes, precisos y sofisticados, además del tercero más usado del mundo.

Con todo, en el contexto de la pugna sino-estadounidense por la influencia global (a través del lenguaje), la Hispanosfera enfrenta un dilema: ¿Puede preservar su patrimonio civilizatorio y proyectar su tradición racionalista-materialista (de raíz grecolatina e hispánica) en un mundo dominado por el relativismo posmoderno anglosajón y el pragmatismo autoritario chino?

China, aunque promueve su cultura de manera instrumental (tal es su manejo del confucionismo, así como su narrativa histórica), carece de un sustrato filosófico crítico como el que heredó Occidente de Grecia y Roma. Aquí, Hispanoamérica tiene una oportunidad estratégica: reivindicar su tradición materialista-crítica (de Aristóteles a Marx, pasando por la Escuela de Salamanca) como alternativa al idealismo mercantilista anglosajón y al utilitarismo tecnocrático chino.

Sin embargo, primero habría que librarse de la influencia anglosajona (especialmente en su vertiente neoliberal), que se caracteriza por un claro relativismo epistemológico (con la llamada posverdad, el escepticismo extremo y la mercantilización del conocimiento, con las redes sociales como generadoras de «realidades alternativas»), la infantilización cultural (con narrativas simplistas, tales como la disneyficación de la política y la reducción de debates complejos a eslóganes); y el idealismo economicista (con la teoría del «mercado autorregulado» sostenido por Hayek y Friedman, entre otros, como sustituto de la política).

En nuestra tradición, la lectura y análisis agudo de las más importantes obras literarias, como acompañamiento del desarrollo de las ciencias, permitió por un buen tiempo que parte de nuestros estudiantes ganara efectivamente potencia crítica suficiente para integrarse al mundo y enfrentar la realidad cuestionando sus instituciones, en pos, cada vez, de una mayor libertad.

El rescate de la robustez del pensamiento crítico hispano urge y, dado que China opera con un sistema educativo utilitarista, la labor pendiente bien podría abrirnos camino en éste, mediante una buena labor de traducción y difusión de literatura crítica original. No sin riesgos, claro, pues el Estado chino podría cooptar selectivamente estas ideas, vaciándolas de su potencial crítico. Pero esto siempre ha ocurrido, mírese sino el caso de El Quijote, leído en la Anglosfera, nada menos que como un homenaje al idealismo.

Para que nuestra influencia adecuada sea viable, con el menor grado de peligro, se requiere, para empezar, la eliminación del pensamiento mágico neoliberal, ejemplificado en la meritocracia como dogma y el fetichismo del emprendedor. Todo el rollo de la autoayuda y de que el arte es nada más que expresión emocional.

A partir de la demostración de la potencia crítica antiidealista de lo mejor de nuestro pensamiento científico y artístico, plasmado, sobre todo, pero no exclusivamente en la Literatura, las alianzas académicas con China, sin subordinación, son viables. Del mismo modo, cobra un nuevo sentido el apoyo a producciones audiovisuales y de otros tipos, en español, siempre que muestren la riqueza y complejidad de las sociedades hispanohablantes. Finalmente, nos conviene la exportación de una teoría del arte más eminentemente racional. (Por nuestra parte, proponemos la del arte como situación comunicativa compuesta por el autor; el espectador, lector u oyente; la obra de arte —elocuente por sí misma—; y el marco institucional —en el que nace la obra y que, sin embargo, esta misma critica—, todos, materiales de composición corpórea, sensible-psicológica y racional, pues no cabe hablar de razón sin emoción ni visceversa.)

En consecuencia, nuestra elección, más particularmente la hispanoamericana, no se limita entre el relativismo de corte anglosajón y el autoritarismo chino. Nuestra oportunidad radica en la reivindicación de la tradición racionalista-materialista como alternativa a ambos polos, la exportación de nuestro pensamiento crítico a China, sin ingenuidad, aprovechando las grietas de su sistema educativo y la defensa de una educación antiidealista, que priorice el análisis concreto sobre eslóganes posmodernos o tecnocráticos.

Acaso ello conlleva, por lo pronto…, inmediatamente, a la disidencia. Sí, al margen de muchas aulas.

 

 

Referencias bibliográficas: 

– Antúnez, I. (2023). Geopolítica de la BRI: Seguridad y Dominación Indirecta. 

– Bloomberg Informes sobre contratos de Huawei en Latinoamérica.

– Carnegie Endowment Informe sobre securitización en África y América Latina. 

– Chellaney, B. (2021): Debt-Trap Diplomacy: How China Uses BRI to Advance Strategic Interests. 

– CSIS Informes sobre exportación de vigilancia china. 

– Documentos oficiales chinos (Libros Blancos de Defensa, discursos del Partido Comunista sobre la BRI).

– Ellis, R.E. (2022): China’s Military Expansion in Latin America. 

– Human Rights Watch y Amnistía Internacional sobre Xinjiang. 

– UNESCO Informes sobre educación en China vs. América Latina. 

– USIP Informes sobre leyes antiterroristas en países BRI.