Versus: Transcripción de una participación sobre actualidad y horizontes geoeconómicos
Por Juan Pablo Torres Muñiz
Ante todo, gracias por la invitación.
Sé relativamente poco respecto de estos asuntos, aunque procuro mantenerme informado. Entiendo, por tanto, que mi participación aquí podría ser considerada útil como un simple ejemplo de ejercicio de la interpretación crítica de las noticias, tomando en cuenta la forma en que se opera hoy a través de telecomunicaciones.
(Habida cuenta, la facilidad con la que todavía es posible, para EE.UU., incluir, excluir, incluir de vuelta, y así, como más convenga, a unas y otras organizaciones de la lista de terroristas internacionales y, del mismo modo, desaparecer listas de implicados en crímenes de lo más horrendos, como es el caso de los amigos del dizque suicidado Epstein. Y habida cuenta, también, la facilidad con la que el gobierno chino pasa por los tribunales a cientos de disidentes, que luego figuran en la estadística del comercio de órganos; y el modo en que se ejerce justicia, una muy a su modo, claro, en los Emiratos Árabes, sobre todo si se trata de mujeres, mientras en Rusia todo mundo dice amén a Putin… Sí, habida cuenta todo esto, que puede ensuciar su expediente de búsquedas en Internet, me limitaré al uso de fuentes abiertas de lo más populares, únicamente.)
La guerra cognitiva —entendida como la batalla por dominar las narrativas, controlar redes de comunicación y manipular la percepción pública— se ha convertido en el frente más crucial de la confrontación entre el bloque occidental (EE.UU., UE) y los BRICS+. En un mundo hiperconectado, donde las redes sociales, los medios digitales y las plataformas de streaming moldean la conciencia colectiva, esta guerra no solo influye en decisiones políticas o económicas, sino que redefine cómo millones de personas perciben su lugar en el orden global.
Nos detendremos, particularmente, en el caso de Hispanoamérica. Cómo se desarrolla aquí la batalla por la información e interpretación parcializada en favor de uno u otro bando.
Y es que la guerra cognitiva no se trata únicamente de propaganda ni desinformación; es una estrategia sistemática para moldear patrones de pensamiento, manipular sistemas de creencias, controlar marcos interpretativos de la realidad y deslegitimar narrativas rivales. Se libra en múltiples frentes: redes sociales, medios tradicionales, educación, arte, cultura digital y hasta en aplicaciones de mensajería privada. El objetivo: ganar legitimidad moral, cultural y política en contextos donde la fuerza militar pierde relevancia relativa.
A propósito: Nosotros somos —y no sólo numéricamente— importantes.
Luego comentaremos algunos datos de libre acceso respecto del escenario geoeconómico más reciente para, finalmente, explorar posibles escenarios futuros. Nuestro propósito con ello es, simplemente, proporcionar al menos coordenadas de partida para que cada quien indague y, de hecho, investigue al respecto. Nada de debates. Una simple exposición, aunque de corte crítico.
[Proyección Occidental]
Los grandes medios occidentales (CNN, BBC, Reuters, El País, DW, France 24) siguen teniendo presencia dominante en la región hispanohablante. Sus editoriales y coberturas refuerzan valores liberales: democracia liberal, derechos humanos universales, Estado de derecho, etcétera; presentan a los BRICS+ como bloques autoritarios, corruptos o antioccidentales; finalmente, asocian a China con censura y espionaje, a Rusia con agresividad imperialista, e Irán con extremismo religioso.
Esta narrativa es rápidamente absorbida por élites locales, academias, think tanks y medios regionales, muchos de ellos financiados o asociados a instituciones occidentales (como la Fundación Konrad Adenauer, Open Society Foundations o, antes, cortesía de USAID).
Las plataformas digitales (Twitter/X, Facebook, YouTube y TikTok, no obstante, su origen chino) están dominadas por lenguajes y dinámicas culturales anglosajonas. Esto implica su priorización algorítmica de contenido producido en inglés o afín a narrativas occidentales, la supresión encubierta o moderación selectiva de voces críticas hacia EE.UU. o Israel, pero no siempre hacia otros temas y el empleo de influencers y creadores hispanohablantes que internalizan estas narrativas, repitiéndolas sin crítica.
Instituciones como Fulbright (EE.UU.), British Council, Instituto Francés (Alianza Francesa) y el Goethe-Institut ofrecen becas, programas educativos y diplomacia cultural que forman generaciones de profesionales que llaman —como no podrían hacerlo de otro modo— latinoamericanos. Estos individuos tienden a internalizar una visión del mundo centrada en la superioridad del modelo occidental, la sospecha sobre alternativas no capitalistas y la identificación automática entre democracia y liberalismo económico.
[Ofensiva de los BRICS+]
En cuanto a medios globales y plataformas digitales, China lidera este frente mediante CGTN y Xinhua en español, Alianzas con medios locales (como Telesur en Venezuela) y el financiamiento de proyectos periodísticos en países clave (Argentina, Bolivia, Ecuador).
Rusia, aunque con menor alcance, mantiene RT en español y Sputnik Mundo, enfocándose en temas de geopolítica y crítica al intervencionismo estadounidense.
Irán tiene presencia limitada, pero opera Al-Alam en español y apoya grupos religiosos y movimientos antiisraelíes en Argentina y Brasil.
Lo cierto es que Los BRICS+ han adoptado técnicas de marketing digital para llegar a audiencias jóvenes, tales como el uso de memes, videos cortos, y contenidos en redes sociales; temáticas recurrentes: colonialismo occidental, doble estándar en derechos humanos, hipocresía en cambio climático; y apoyo a líderes autodenominados izquierdistas o nacionalistas que critican a EE.UU. y la UE.
¿Ejemplos? Durante la guerra en Gaza, medios chinos y rusos promovieron imágenes de civiles palestinos, contrastando con coberturas occidentales que enfocaban en Hamás.
En cuanto a cooperación tecnológica y educativa, los BRICS+ no se quedan atrás: China ha incrementado becas para estudiantes hispanoamericanos, especialmente en áreas estratégicas: inteligencia artificial, telecomunicaciones y las llamadas energías limpias.
Además, empresas como Huawei han instalado infraestructura digital por estos lares (redes 5G, centros de datos), lo cual permite acceso indirecto a flujos de información y posibles puntos de influencia cognitiva.
[Impacto en la Opinión Pública Hispánica]
En países como México, Colombia, Argentina y Chile, la población enfrenta una constante exposición a dos visiones opuestas del mundo: Por una parte, la pro-occidental, que presenta a los BRICS+ como regímenes peligrosos y antidemocráticos; por otra, la pro-BRICS+, que ve a Occidente como decadente, hipócrita y colonialista. El resultado es una polarización profunda, donde las redes sociales amplifican discursos radicales, se erosionan consensos básicos sobre hechos objetivos y surgen nuevas identidades políticas basadas en lealtades globales, no nacionales.
Por supuesto, la receptividad a cada narrativa varía según contexto local.
[Desencanto: Europa y EE.UU.]
Aunque aún existen elites que veneran a EE.UU. y Europa como modelos a seguir, es innegable el desencanto creciente entre juventud y clases medias empobrecidas, tanto por la crisis climática y la inacción europea, como por la guerra comercial y el proteccionismo estadounidense; asimismo, por la hipocresía en derechos humanos (ej. migración, racismo estructural), además de la indiferencia ante crisis sanitarias y de deuda en el sur global.
Esta situación se presta de lo mejor a que narrativas del BRICS+ operen con éxito, especialmente cuando se presentan como defensores del «mundo multipolar» y aliados contra el neocolonialismo.
Hispanoamérica no es solo un observador pasivo de la bipolaridad económica entre Occidente y los BRICS+. Es, por si hiciera falta hacerlo explícito, un campo de batalla cognitiva, donde se disputa no solo el futuro del comercio o la moneda, sino la forma en que millones de personas entenderán su lugar en el mundo. Además de la provisión de gran parte de las materias primas que requieren las grandes potencias.
La geoeconomía global vive un punto de inflexión. Los BRICS+, ahora ampliados e integrados por Egipto, Etiopía, Irán, Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos, no solo han consolidado su posición como contrapeso al G7, sino que han reconfigurado el mapa financiero y comercial del planeta. Mientras esto ocurre, Estados Unidos responde con una guerra arancelaria sin precedentes, buscando frenar la desdolarización y contener la influencia de este bloque emergente.
Bien… ¿Qué se sabe, en general, al respecto?
[Los BRICS+ en 2025]
Según el Fondo Monetario Internacional (FMI), en junio de 2025, los BRICS+ representan el 42% del Producto Interno Bruto (PIB) mundial en paridad de poder adquisitivo (PPA), superando claramente al G7, que se estanca en un 28%. Este crecimiento es resultado de:
– China, que, tras un periodo de crisis inmobiliaria, logra reactivarse con estímulos fiscales y crece a un ritmo del 4,3%.
– India, líder indiscutible del bloque, impulsada por su sector manufacturero y servicios digitales, avanza al 6,8% anual.
– Rusia, aunque limitada por sanciones occidentales, registra una leve recuperación del 1,5%, gracias a su comercio energético con Asia.
Sin embargo, esta expansión económica es desigual. Países como Rusia enfrentan limitaciones estructurales, mientras otros como Brasil y Sudáfrica muestran tasas moderadas. El peso relativo de cada nación dentro del bloque sigue siendo heterogéneo, lo que genera tensiones internas.
Veamos el asunto de la desdolarización. Punto central, acaso el definitivo en la nueva guerra geoeconómica…
Una de las estrategias centrales del bloque ha sido reducir la dependencia del dólar estadounidense. En 2025, según Rystad Energy, el 18% del petróleo global se transa en yuanes, rupias y riales, frente al 12% en 2023. Esto representa un cambio simbólico y funcional: el petrodólar comienza a erosionarse.
Además, el comercio intra-BRICS+ realizado en monedas locales sube al 30%, desde el 24% en 2024. Destacan acuerdos clave:
– China y Arabia Saudita profundizan su pacto petrolero en yuanes, movilizando 6 millones de barriles diarios.
– India impulsa pagos en rupias con Irán y Rusia, rompiendo parcialmente la hegemonía del dólar.
Pese a estos avances, el dólar aún domina el 58% de las reservas internacionales, según datos de la Reserva Federal (2025). El yuan, aunque crece del 2,9% en 2020 al 5,2% en 2025, está lejos de competir con la moneda estadounidense en liquidez, confianza institucional y red de uso global.
Pero el BRICS+ no es un bloque homogéneo ni cohesionado. Las diferencias entre sus miembros son tan marcadas como sus objetivos comunes. Por ejemplo, India se opone frontalmente a la creación de una moneda común del BRICS, temiendo perder autonomía monetaria y facilitar la expansión china. Paralelamente, Nueva Delhi refuerza su cooperación tecnológica con EE.UU., especialmente en chips avanzados e inteligencia artificial.
Estas divisiones internas debilitan la capacidad del bloque para presentar una fachada unitaria ante Occidente, y ponen en duda su eficacia estratégica a largo plazo. Además, EE.UU. aprovecha cada ocasión a mano para acentuar las diferencias al interior del bloque que, ahora, desde la declaración de Lula Da Silva (10 de julio de 2025), respecto de que el dólar dejará de ser la moneda de cambio internacional. En efecto, el reciente enfrentamiento militar entre Pakistán e India involucra directamente a China y, en menor medida, a Rusia.
[La Respuesta de EE.UU.]
a) Nueva Ola de Aranceles:
Ya en mayo de 2025, el gobierno de Biden eleva significativamente los aranceles a productos chinos estratégicos:
– Vehículos eléctricos (VE): Suben del 25% al 125%.
– Semiconductores: Del 25% al 50%.
– Acero y aluminio: Hasta el 25%.
– Baterías y paneles solares: Se establecen nuevos límites al 50%.
El objetivo declarado es proteger industrias críticas y reducir la dependencia tecnológica y energética de China. Sin embargo, estas medidas también buscan generar inestabilidad en la cadena de suministro global, afectando sectores clave del BRICS+.
b) Sanciones Financieras:
EE.UU. intensifica su presión sobre aliados clave del bloque:
– Bloqueo a bancos iraníes que usan sistemas alternativos al SWIFT, como el SPFS ruso o el SEPAM iraní.
– Prohibición de inversiones chinas en sectores sensibles como microchips y energía nuclear.
Estas acciones no solo afectan directamente a China e Irán, sino que envían una señal a terceros países que podrían considerar alinearse con el BRICS+: el costo político y económico puede ser alto.
c) Alianzas para Contener a los BRICS+
Washington fortalece alianzas estratégicas para aislar económicamente al bloque:
– Acuerdo Minero del Indo-Pacífico (IPMA): EE.UU., Australia, India y Japón controlan el 75% de la producción global de tierras raras, recurso vital para la tecnología moderna. Este pacto busca reducir la dependencia de China, históricamente dominante en este mercado.
– La UE se suma a las medidas proteccionistas, aplicando aranceles del 45% a las importaciones de acero chino en junio de 2025, bajo presión diplomática estadounidense.
Este frente unido de Occidente representa una respuesta coordinada al desafío geopolítico del BRICS+.
[Tensiones más recientes]
Las últimas dos semanas hemos podido ser testigos de eventos que marcan el tono de la nueva bipolaridad económica:
Del lado BRICS+:
El 5 de julio, Irán y Egipto lanzan una cámara de compensación en oro, diseñada para evitar sanciones financieras occidentales y facilitar el intercambio comercial sin intermediarios. A los tres días, el 8 de julio, Rusia anuncia que el 40% de su comercio con China ya no utiliza dólares, un salto cualitativo en la desdolarización bilateral.
Del lado de EE.UU. y la U.E.:
El 7 de julio, la UE anuncia sanciones a bancos indios por comerciar con Rusia, demostrando que incluso los socios estratégicos de Washington no están exentos de represalias si cruzan ciertas líneas rojas. Tres días después, el 10 de julio, EE.UU. y Corea del Sur firman un pacto para excluir a China de la cadena de semiconductores, asegurándose el acceso exclusivo a materiales y tecnologías clave.
[Proyección 2025–2030]
Los próximos años determinarán si el mundo avanza hacia un sistema multipolar coexistente o hacia una guerra fría económica irreversible. La clave estará en quién controle las redes tecnológicas, las cadenas de suministro y, crucialmente, el sistema monetario global.
En este contexto, el riesgo más inmediato es el de una crisis de deuda global que fuerce a más naciones a buscar refugio en el BRICS+. Ejemplo claro es el de Pakistán, cuya economía es vulnerable a los vaivenes del dólar y el sistema financiero internacional.
Lo cierto es que los BRICS+ han alcanzado un peso significativo en la economía global, con una participación combinada del PIB mundial que supera ya al G7. Este desplazamiento no es meramente cuantitativo, sino cualitativo: los BRICS+ promueven una desdolarización progresiva, el fortalecimiento de monedas locales y regionales, y una cooperación económica basada en intereses compartidos más que en valores ideológicos impuestos.
Un enfrentamiento abierto —ya sea comercial, financiero o militar— entre estos bloques implicaría una ruptura definitiva del sistema Bretton Woods: La hegemonía del dólar como moneda de reserva global se vería seriamente amenazada si los BRICS+ logran establecer una alternativa funcional a través de mecanismos de intercambio multilateral no vinculados al dólar ni al euro.
La probable fragmentación del comercio global podría llevar a la creación de dos circuitos económicos paralelos, donde cada bloque impondría sus reglas, tarifas y sistemas de pago. Esto reduciría la eficiencia del comercio internacional y afectaría especialmente a países pequeños o medianos que no pueden optar claramente por un lado sin pagar costos altos.
Por otra parte, el aumento de la inestabilidad geopolítica puede derivar en tensiones militares. Históricamente, crisis económicas prolongadas tienden a ser canalizadas hacia conflictos bélicos como forma de resolver disputas por recursos, territorios o influencia.
[Conveniencia de las armas]
Desde un punto de vista estrictamente estratégico, una guerra —incluso limitada— sería económicamente rentable para ciertos sectores clave de Estados Unidos, particularmente el complejo industrial-militar. Según datos recientes, la industria armamentística estadounidense representa el 38% del gasto militar global y emplea directa o indirectamente a millones de personas.
Una guerra incrementa la demanda de armamento, tecnología de defensa, inteligencia artificial aplicada al combate, drones, satélites espía, etc., generando ganancias extraordinarias para empresas como Lockheed Martin, Raytheon o Boeing.
Por si fuera poco, la guerra carrea un incremento de la deuda externa de otros países. En tiempos de guerra, muchos estados aliados acuden a préstamos otorgados por EE.UU., lo que refuerza su posición de acreedor principal y les permite mantener cierta presión diplomática sobre dichos países. Además, este mismo proceso se da con una justificación moral y narrativa pública. Los medios hegemónicos suelen presentar las guerras como «defensivas», «necesarias» o incluso «humanitarias», lo que facilita el apoyo político interno y evita críticas sustanciales al complejo militar-industrial.
Por supuesto, hay riesgos evidentes:
– Escalada nuclear: En un mundo multipolar con potencias nucleares como Rusia, China e India, una guerra convencional podría convertirse rápidamente en un conflicto nuclear. Ahora mismo vimos lo rápido que se calentó el panorama, no sólo entre Israel e Irán (lo que forma parte del juego hasta ahora descrito, una manifestación de la tensión de hegemonía), sino entre India y Paquistán, ambos países con más de 100 ojivas nucleares.
– Costos internos elevados: Aunque haya beneficios para algunos sectores, la población civil paga precios altos en términos de impuestos, movilización forzosa, inflación y pérdida de vidas humanas. Una muestra clara es la crisis actual de Europa, acentuada por el empeño en el gasto militar para el supuesto respaldo de Ucrania ante una supuesta ofensiva directa de Rusia, que dicen, amenaza invadir el continente entero.
– Desgaste de la legitimidad internacional: Una agresión abierta daña la imagen de EE.UU. ante terceros países, muchos de los cuales podrían verse inclinados a apoyar al bloque rival o simplemente a mantenerse neutrales. Y dado el desgaste actual, a nadie debe sorprender cómo la U.E. ha preparado una nueva legislación para el control de medios de comunicación más allá del actual, de por sí llamativo.
[Aquí, cerca]
Hispanoamérica se encuentra en una posición ambigua y delicada dentro de esta nueva arquitectura global. Países como Brasil y Bolivia están posicionados estratégicamente, mientras otros, como México o Colombia, mantienen relaciones estrechas con Estados Unidos.
En caso de un enfrentamiento entre bloques, se podrían esperar, una gran presión diplomática y comercial. Los países hispanoamericanos estarían sometidos a intensas campañas de lobbying por parte de ambos bloques, exigiendo alianzas claras o al menos simbólicas. Aquellos que intenten mantenerse neutrales podrían enfrentar sanciones o restricciones comerciales.
Las sociedades iberoamericanas, ya fragmentadas por desigualdad y corrupción, podrían verse divididas entre quienes favorecen una alianza con los BRICS+ (por razones económicas o ideológicas) y quienes prefieren mantenerse cercanos a Washington.
Por otra parte, la intervención encubierta y operaciones encima de la línea roja de conflicto, llegaría a más. EE.UU. podría aumentar su presencia militar en la región mediante bases, ejercicios conjuntos o ayuda paramilitar, justificándolo como parte de una estrategia de contención contra el expansionismo chino-ruso.
La posibilidad de una Iberoamérica unida se vería muy comprometida. Si bien una guerra en otro continente no tendría efectos inmediatos en la infraestructura física de América, sí podría generar inflación, volatilidad cambiaria y mayor endeudamiento gubernamental, lo cual repercutiría en servicios públicos, educación y salud.
La guerra, aunque pueda parecer rentable a corto plazo para ciertos sectores, es siempre una tragedia humana. Y en un mundo donde la tecnología permite destrucción masiva con un solo botón, cualquier cálculo racional debe considerar no solo el costo económico, sino el costo ético.
Hispanoamérica, por su historia, su diversidad y su vulnerabilidad, no puede permitirse jugar un papel secundario en esta partida. Tiene el deber, y aún conserva la capacidad, gracias, entre otros recursos, a un idioma común: el español, de plantearse alternativas de desarrollo, lejos del turbo capitalismo depredador y al autoritarismo tecnocrático.
Fuentes bibliográficas:
– Bloomberg.
– China Daily (20/06/2024): Anuncia represalias con aranceles a agricultura estadounidense.
– FMI (Informe de Estabilidad Financiera, julio 2025).
– Handelsblatt (05/07/2025): Presión de EE.UU. a la UE para alinearse en sanciones a Rusia.
– FMI, Banco Mundial, BIS.
– Informes de USTR y Comisión Europea.
– Medios internacionales verificados (Reuters, Bloomberg, SCMP, DW).
– Petrobras (informe comercial, junio 2025): Detalla intercambios en yuanes con China.
– South China Morning Post (02/07/2024): Destaca el acuerdo China-Arabia Saudita para petróleo en yuanes.
– The Economist (28/06/2024): Critica la heterogeneidad del BRICS, señalando tensiones entre India y China.
– The Hindu (10/07/2025): Conflicto India-China por inversiones en Sri Lanka.
– USTR (United States Trade Representative, julio 2025): Documento oficial “Estrategia de resiliencia económica”.
– White House Briefing (18/06/2024): Justifica las medidas por «prácticas desleales».
