Saber decir: Sobre el aprendizaje y la práctica de la escritura en relación con la tecnología

Por Juan Pablo Torres Muñiz

Para la Promoción Vincent Van Gogh 2025

Nada nuevo: La transformación tecnológica que ha tenido lugar en las últimas décadas ha redefinido profundamente la forma en que los estudiantes interactúan con el lenguaje escrito. Pero procuremos un acercamiento al asunto, fijarnos en un aspecto en particular de él: el uso extendido de dispositivos móviles, las redes sociales, y plataformas de comunicación digital han generado cambios significativos en la sintaxis, la puntuación y la capacidad de expresión escrita de los estudiantes de escuela primaria y secundaria.

Veremos este asunto, aunque ligeramente, desde las coordenadas de la Filosofía del lenguaje, con especial atención a la teoría de la comunicación y la relación entre pensamiento y lenguaje), la Sociolingüística educativa (cómo las prácticas comunicativas afectan el desarrollo lingüístico), la Psicología cognitiva, sobre todo en cuanto al impacto de la sobreestimulación y la fragmentación de la atención) y, directamente, la Educación: políticas curriculares y didácticas frente al desafío tecnológico.

Asimismo, hacia el final, nos enfocaremos en el rol que juega aquí la inteligencia artificial (IA) como herramienta ambivalente: puede ser aliada si promueve una mayor claridad y precisión lingüística, pero también puede contribuir al deterioro si elimina la necesidad de escribir.

 

[Del uso de celulares…]

Vemos en millones de estudiantes una notable disminución de la complejidad sintáctica y uso deficiente de signos de puntuación. Es que el uso constante de mensajería instantánea, redes sociales y chats ha generado un estilo de comunicación caracterizado por: frases cortas o incompletas, ausencia de signos de puntuación, y uso excesivo de emoticonos e íconos para sustituir palabras o expresiones completas.

Este fenómeno tiene consecuencias directas en la calidad de la escritura formal escolar. Estudios realizados por el National Literacy Trust (Reino Unido) muestran que el 60 % de los estudiantes de entre 11 y 16 años presentan dificultades para estructurar frases completas y coherentes en sus trabajos escolares, atribuyendo este déficit a la exposición prolongada a formas de comunicación informal (Clark & Dugdale, 2021).

Un estudio longitudinal realizado en España (Fernández & López, 2020) reveló que los estudiantes que usaban intensivamente WhatsApp y redes sociales tenían un 43 % más de probabilidades de cometer errores graves de puntuación y sintaxis en textos académicos comparados con aquellos que limitaban su uso. En efecto, «La simplificación del discurso digital no solo afecta el estilo, sino la estructura misma del pensamiento. Cuando se renuncia a la oración completa, se pierde la posibilidad de desarrollar ideas complejas.» — Fernández & López (2020).

Por otro lado, la comunicación digital fomenta el uso repetitivo de ciertas expresiones («genial», «buenísimo», «chido», entre cientos de ejemplos más), lo cual reduce la riqueza léxica y la capacidad de matizar emociones o argumentos. Investigaciones de la Universidad de Buenos Aires (Pérez et al., 2022) indican que la diversidad léxica en estudiantes de secundaria ha disminuido un 35 % en los últimos diez años, correlacionado con el tiempo invertido en pantallas.

Pero no todo pasa por el uso y abuso de la tecnología. Una tendencia preocupante es la anticipación parental a interpretar o suplir las intenciones comunicativas de los niños antes de que estos puedan expresarlas claramente. Esto se ve exacerbado por la sobreprotección emocional, la llamada cultura del «todo ya» y que contribuye la inmediatez digital que prioriza la acción sobre la reflexión verbal.

Estudios del Instituto Nacional de Salud Mental de Argentina (2023) señalan que más del 70 % de los padres admite responder preguntas o deseos de sus hijos menores de diez años sin dejarlos tan siquiera formular la idea por sí mismos. Este hábito, aunque bienintencionado, impide que los niños desarrollen habilidades narrativas y explicativas básicas. «Cuando los adultos leen el pensamiento del niño antes de que él pueda decirlo, se le quita al hablante la oportunidad de estructurar su propio lenguaje.» — Martínez (2021).

Esta dinámica se refuerza con el uso de asistentes de voz o IA conversacionales, donde basta un gesto o una palabra para obtener respuesta, eliminando la necesidad de construir una frase coherente.

 

[De la TV tradicional al streaming]

Hace sólo dos décadas, la televisión representaba un medio lineal que exigía atención sostenida. Hoy, YouTube, Netflix, Instagram o, peor, TikTok, ofrecen contenidos segmentados, supuestamente personalizados, más bien jibarizados, de corta duración. Esto ha alterado patrones de atención y comprensión narrativa.

La Sociedad Científica de Psicología de Chile (SCP) 2022) reporta que los niños que consumen más de tres horas diarias de contenido audiovisual fragmentado tienen un 48 % menos de probabilidad de seguir estructuras narrativas complejas. En efecto, la mente en formación, puesta a la práctica de saltar de contenido en contenido prácticamente sin pausa, pierde la capacidad de sostener una línea argumental coherente.

 

[Del español al inglés…]

El predominio de contenido audiovisual en inglés, incluso entre usuarios hispanohablantes, genera un distanciamiento progresivo del idioma materno en contextos formales. Según datos del INEGI (México, 2023), el 59 % de los adolescentes prefieren consumir series, películas y videos en versión original con subtítulos, lo cual, aunque puede mejorar competencia lingüística, también reduce el contacto con estructuras complejas del español. Dicho en plata: las oraciones cortas de estructura elemental se vuelve no sólo la regla, sino la única vía expresiva.

Además, el acceso precipitado al inglés (por falta de maduración en la lengua nativa) puede llevar a lo que se suele llamar code-switching en la escritura escolar. Del uso indiscriminado de anglicismos en trabajos académicos al abuso del pasado, presente y futuro continuos, los resultados son evidentes para quien sea tenga a su cargo estudiantes de educación básica.

 

[No saber cómo decir algo…]

El entorno digital está saturado de imágenes, GIFs, memes y stickers. El costo: la disminución de la tolerancia a la frustración asociada al acto de escribir y pensar. Nada de exageraciones: la Organización Panamericana de la Salud (OPS, 2023) reportó que los niños expuestos a más de cinco horas diarias de medios visuales presentan mayores dificultades para producir textos escritos de más de 10 líneas, y tienden a recurrir por desespero a formatos visuales o pictográficos para expresar ideas.

Eso de que una imagen dice más que mil palabras es pura maña. Apenas y tiene validez en juicios por demostración de flagrancia. Y quien dice cosas como «sí sé la respuesta, pero no sé cómo decirla», sencillamente miente.

 

[IA…]

Si bien muchas voces alertan sobre los riesgos de dependencia pasiva frente a estas herramientas, también se abren nuevas oportunidades didácticas. Aquí, nos concentraremos en el entrenamiento sistemático en la elaboración de instrucciones precisas y lógicas para chatbots, que puede convertirse en una práctica formativa clave para desarrollar competencias lingüísticas y cognitivas esenciales, entre ellas: claridad conceptual, coherencia argumentativa, estructuración de ideas y dominio del orden lógico en el lenguaje escrito.

En efecto, sostenemos que esta forma de interacción con la IA puede ser utilizada no solo como recurso instrumental, sino directamente como un espacio de aprendizaje reflexivo que potencia la escritura académica y la organización lógica del pensamiento. Y es que la redacción académica no es únicamente un acto técnico; es, fundamentalmente, un ejercicio de organización del pensamiento. Como decía Paul Ricoeur (1983), «la lengua no solo comunica, también constituye».

Esta dimensión constitutiva del lenguaje escrito es especialmente relevante en contextos educativos. Sin embargo, como hemos visto, múltiples estudios han demostrado que la calidad de la redacción escolar y universitaria ha disminuido en las últimas décadas, coincidiendo con el auge de la comunicación digital informal (Clark & Dugdale, 2021).

Entonces, ¿cómo sacar provecho de la nueva tecnología?

Los chatbots avanzados responden a la claridad y la precisión de las instrucciones. No piensan por sí mismos, pero interpretan y amplían lo que se les pide, lo cual exige del usuario una formulación clara, ordenada y lógicamente articulada. Esta característica convierte a la interacción con IA en un espacio privilegiado para practicar la formulación de ideas con rigor.

Existen distintas formas de interactuar con una IA generativa, pero no todas promueven igualmente el desarrollo del pensamiento lógico. Más allá de la estructura básica de toda instrucción (rol que se le pide al bot que asuma, tipo de texto que se requiere, características del texto y especificaciones sobre el estilo, tono y demás particularidades no comprendidas en el tipo textual), las instrucciones más provechosas desde el punto de vista pedagógico son aquellas que definen objetivos claros, establecen estructuras o formatos esperados, incluyen criterios de evaluación implícitos o explícitos y requieren razonamiento secuencial (causal, comparativo, deductivo, etc.).

Así, los resultados sugieren que la práctica deliberada en la construcción de instrucciones claras tiene un impacto directo en la capacidad de estructurar ideas complejas.

¿Qué hay de la labor docente al respecto?

Por si no fuera suficiente saber que, en China, el uso de IA ha sido incorporado como asignatura propia desde primaria, el Instituto Latinoamericano de Tecnología Educativa (ILATE, 2023) reporta que las instituciones educativas que han incorporado el uso crítico de IA en sus planes de estudio reportan mejores resultados en redacción y argumentación crítica. Esto requiere, sin embargo, una formación específica de los docentes en Estrategias de elaboración de instrucciones (en jerga: prompt engineering) aplicado a la educación, diseño de actividades que exigen razonamiento lógico-lingüístico y evaluación de textos producidos con ayuda de IA.

No se trata de sustituir una escritura por otra, sino de usar la computarizada como espejo de la humana, a fin de revisar, reescribir y pulir nuestras propias ideas.

Una crítica recurrente hacia ciertas metodologías constructivistas es que priorizan la expresión espontánea sin suficiente énfasis en la corrección formal ni en la estructura lógica. Por otro lado, métodos como el dictado racionalizado de Vigotsky o el análisis sintáctico funcional de Bernstein ofrecen marcos sólidos, pero pueden resultar poco atractivos para estudiantes contemporáneos. La interacción con IA ofrece un término medio: permite la exploración creativa, pero exige al mismo tiempo precisión y estructura, lo cual fomenta un estilo de escritura más organizado.

Por otra parte, la lectura analítica seguida de escritura reflexiva sigue siendo enormemente eficaz y se complementa, también eficazmente, con la interacción con IA, ya que permite simular debates, contrastar perspectivas o generar borradores iniciales que luego pueden ser reelaborados por el estudiante. Dice al respecto Pérez Alcalá (2023) «Leer y escribir son procesos inseparables. Pero hoy, gracias a la IA, podemos multiplicar las voces con las que dialogamos, incluso antes de poner la pluma sobre el papel.»

Dicho esto, podemos volver a los probables inconvenientes:

El principal riesgo asociado al uso de chatbots es la dependencia acrítica, por la que el estudiante delega totalmente la producción intelectual en la máquina. Un informe del Centro de Investigaciones Psicológicas de Chile (CIPCH, 2023) muestra que estudiantes que usan chatbots sin supervisión tienden a producir textos vagos, pobres de léxico y con endeble estructura lógica.

Se debe insistir en que la IA es una herramienta, no un autor y en que los textos generados deben ser revisados, editados y personalizados. La escritura propia sigue siendo el objetivo final del aprendizaje.

Como decía Sócrates en el Fedro: «Lo escrito permanece, pero no responde». Hoy, en cambio, lo escrito puede responder. Y eso nos obliga a escribir mejor, a pensar con mayor claridad y a estructurar nuestro lenguaje con mayor rigor. Entrenar a la máquina a entendernos, nos entrena a nosotros a entendernos mejor a nosotros mismos.

 

 

 

Referencias bibliográficas:

* Centro de Investigaciones Psicológicas de Chile (CIPCH). (2023). Impacto del uso de chatbots en la escritura académica. Informe anual.

* Clark, R., & Dugdale, G. (2021). Digital communication and literacy skills in secondary education. National Literacy Trust.

* Fernández, M., & López, A. (2020). Impacto de las redes sociales en la sintaxis de los jóvenes. Revista Española de Lingüística Aplicada, 33(2), 45–67. 2. 

* Fundación Educacional Amanecer. (2023). Uso pedagógico de la inteligencia artificial en el aula peruana.

* Sociedad Científica de Psicología de Chile (SCP). (2023). Dependencia de IA y deterioro de la escritura escolar.

* Martínez, L. (2021). Desarrollo del lenguaje y anticipación parental en contextos digitales. Revista Mexicana de Psicología Clínica, 29(1), 12–23.

* Organización Panamericana de la Salud (OPS). (2023). Salud mental y desarrollo del lenguaje en la infancia.

* Pérez Alcalá, M. (2023). Keynote Speech at the Latin American Congress of Clinical Psychology. Discurso pronunciado en el Congreso Latinoamericano de Psicología Clínica – 2023.

* Pérez, J., Domínguez, F., & Rojas, M. (2022). Reducción de la diversidad léxica en estudiantes de secundaria: factores tecnológicos y socioculturales. Universidad de Buenos Aires.

* Ricoeur, P. (1983). El conflicto de las interpretaciones. Editorial Sudamericana.

* UNESCO. (2022). Informe sobre calidad educativa en América Latina.