EN LA SALA DE EXPOSICIÓN - 26
Respuestas, respuestas…, pero, antes, siempre, formulaciones adecuadas de las preguntas, y estas se multiplicaban, una marea inmensa; lejos del encierro con una sola de ellas, de empeñarme en una fórmula adecuada para la elegida, un paso a la vez, digamos, preferí, porque fui rápidamente seducido, la variedad de cuadros, pinturas, cientos, incluso miles, pero también, apenas a la saga, la televisión: imágenes que memorizaba y que, a cada repetición, veía de nuevo…, hasta que empecé a disfrutar de las películas que no transmitían en señal abierta, el cine al margen del que disfrutaba en el televisor a colores de la sala, el único de la casa; y es que, de pronto, tuve a mi disposición una enorme cantidad de filmes: un primo de la familia se dedicaba por entonces al negocio de la compra y reproducción de cintas VHS en una ciudad cercana, más pequeña, por lo que empezó a venir aquí para abastecerse; gracias a él disfruté no sólo de estupendos paseos por toda la ciudad, pues íbamos de arriba abajo por novedades, sino, claro, de tardes y más tardes, una película tras otra, sobre todo clásicos, curiosamente, pues mi primo prefería las ediciones especiales que por esos años empezaron a circular, colecciones completas, pero también, claro, estrenos recientes de todo tipo; y fueran o no adecuadas a mi edad, las vi casi todas; apenas mi guía en cinefilia salía a ocuparse de algo lejos los aparatos de reproducción, yo aprovechaba para encender la pantalla del TV, hasta ese instante apagada: los cuerpos, entonces, desnudos, sudorosos o sangrantes y mutilados, se me revelaban, lo mismo que formas de hablar, para mí, enormemente extrañas; con no poca frecuencia me pareció absurda la prohibición, pero cuando la entendía, pasaba noches de zozobra procurando enderezar el rumbo de mis ideas, apartado, al menos lo suficiente, de atrocidades que entonces me parecieron, no por aterradoras, menos iluminadoras; como fuere, también busqué rostros, figuras como las de Ella; no a Ella misma, — imposible, bien lo sabía; por otra parte, con empeño, éste sí, consciente, — nuevas fronteras, a través de paisajes, no definidos en exclusiva por la geografía o el clima, sino, sobre todo, por la luz, el uso de ella en un determinado juego de encuadre y enfoque: — formas de ver, además de — visiones, y éste era otro asunto: el asombro me embargaba cuando una realidad de ficción doblegaba la incredulidad inicial de que pudiera ser — existir tal cual más allá de la pantalla…; aunque valoraba la fantasía, ésta me resultaba valiosa sólo si refería directamente o era símbolo de una realidad concreta, o al menos algo probable, quizá a futuro, como propone la ciencia ficción…, así — lo más importante era, digamos —y entonces el peso de la palabra misma me parecía tremendo—, la verdad, distinta de la realidad, y es que ésta podía ser ficticia o llegar a operar fuera del texto que la contenía, caso en el cual corresponde hablar de la realidad íntegra, material, como muchos años después reconocería: corpórea fenoménica, sensible psicológica y racional, una existencia no sólo estructural, es decir, limitada a los márgenes de un texto o a intertextualidad; por supuesto, no me planteaba nada de estos en tales términos, pero sí que tenía claro que mediante la ficción era posible dar, no con una sino con incontables formas distintas, originales de referir, de refractar a realidad material; así que del artista — prisma, se disparaba un haz — la obra, que, por contraste con el mundo: el orden de lo nombrado, evidenciara sus incongruencias, los fallos en su institucionalidad… — sí, más o menos eso, entre silencios y notas confusas, entre bosquejos y borrones, en hojas y más hojas, al pie del televisor, conmigo de bruces, dialogando acaso conmigo mismo, intérprete de las maravillas de la pantalla, sin entender casi nada, muy poco, procurando registrar eso sí las impresiones la tensión misma como un rayo entre un término y otro entre imágenes parte memoria parte revelación y posibilidad y cálculo y más silencio para volver siempre — elocuencia de la carne los sentidos —
