EN LA SALA DE EXPOSICIÓN - 19

Respira hondo — en el repaso, adonde me llevan tus cuadros, este viaje, Ana — Respira hondo — las — el repaso — respira hondo — las

imágenes se agolpan

— Las estrellas, selvas tupidas, enormes monumentos, animales, fieras, y — gente… (pero)

sobre todo — Ojos

                                 Ojos. Y bocas, y rostros de mujeres — Ver, ver — Ojos: la maravilla nebulosa, los colores, siempre más de uno, jaspes y — matices, en torno al hoyo negro, piscina, la cámara, una ventana a la noche mayor, sin estrellas — antes de la causa del pulso y los espectros, sin final — hoyo: centro cero plenitud unidad totalidad — de negro

Ojos. (El) ver —

                            de los ojos, — y, claro, — el rostro, la boca: fuente pozo, manantial y receptáculo, — ceremonial labios rosas la sangre palpitante cada grumo de humanidad borboteante, al brillo de la saliva — vida Y

luego, el cuerpo, — cuerpos: cada ciencia, todas, una a una — tal inmensidad

Lo mismo, la música — voces de mujer, y si no, canciones para ellas

¿Qué somos nosotros, sino adoradores?, me decía

¿Qué somos, sino quienes sueñan ellas que las soñamos? (decía Berger, leí tantos años después), ¿Qué…? ellas

Si somos eso, sentido, lo sé, pues entonces lo hacía, veo claro: un trazo mis dedos, huella en el espacio, invisible — niño que memoriza — por aquí y… aquí, concentrado, y — como haces de luz queda el recuerdo suspendido de cada línea, un cuadro sin cuadro en el aire, sin palabras — ¿para quién?, para ti, ¿quién, sino?, un cuadro sin cuadro, hondo, que nadie más ha de (saber) mirar, salvo quien me acompaña, sueño, y entiende porque le confío, sí, tales son mis sueños: es esto lo que hago, mira, y asiente, sueños, ojos almendrados tan grandes, las cejas de arco inmenso, asombro del asombro — encarnado, Ella misma, entonces… para

Quienes somos y sabemos dibujar en el aire, un trazo que se extiende palabra consonantada volátil en un suspiro ofrenda que se eleva como el humo — holocausto — para Ti, también creador de Ella, si me oyes y perdonas mi audenuncia, tanto absurdo un fin el fin y la mano que moja los párpados que ahoga y canta gutural la garganta amargada de cuanto calla — tal absurdo… para

Quienes cantamos, no obstante, para los otros: hermanos, todos, sí, porque todos fueron niños alguna vez todos vivieron un instante eternidad y luego vieron los párpados apagados secos — al fin, el absurdo, juntos, también entonces, en el límite, con la mirada que se gira — negra leche del alba — por sobre el hombro, loco, tu cabello dorado y — es que se empoza lo vivido…

tan —