EN LA SALA DE EXPOSICIÓN - 16

Debió — Fue pronto,

apenas tras el descubrimiento de la finitud. Recordé, de golpe, acaso por aferrarme a ella, mi mayor experiencia de dilatación temporal hasta entonces, al encuentro con Ella, a quien supuse desde entonces y por muchos años todavía, en su primera encarnación.

Fue en la primera casa de la ciudad. — Se explica el afán de retorno, que se gatillara de pronto en la intención de alguna — comunión…

Media mañana. — La sombra de mi cabeza y hombros sobre mis manos, que rebalsaba y, mágicamente, se sostenía, silenciosa, en varios planos, — difícil enfoque. Y,

súbitamente, la sustancia duplicó su área y ganó frescura, cuánta: dejó de arder mi cuello y sentí además un leve aroma a azucenas arañado de miel de abeja.

A qué juegas…

Su voz —

Pero fueron sobre todo sus ojos, enormes, las cejas altas. La boca, luna que cortaba — sangre, y — más luna, cielo, — el silencio: dos, tres notas claras; luego, ante mi perplejidad, un cascabel de piel de semillas y plata, campanas evocadoras de frutos del bosque — y fuego…

Un instante.

Atravesado. A la vez que inmenso, entonces, agradecido, — puras consonantes, — verbo primer día hízose ante y vi — era bueno.

Un instante, el tiempo entero, — una plegaria — ¿la gloria? Quizá, pero desde la sencillez de la inevitabilidad: era quien era, quien es, viva en mí todavía…

Y su marca…

Luego, solo — segmentos de realidad, planos, más que eso, y cien detalles ampliados, fenómenos amplificados — un recorrido minucioso, sinuoso — a la vez que violento — ay, la física —: cinestesia fulgurante — mas sin intrusión: el cuerpo de uno vuelto obrar de sentidos, elevado a espíritu de evocación — oración — (a) por un nuevo credo —

De pie…

(Crujido de tablas, suave afianzamiento de pies…)

Manos — la actitud contrita:

         Sedoso velo de horizonte

       El vaivén del pecho, sabiduría —

     las aves

   ignoran teoría de vuelo;

  los peces, la ictiología

— y

Tú sonríes, me dije que le decía, —

en tantos sueños

Soñarte…

Sé que me entiendes, Ana; mis dibujos, tantos, Ella, tantas veces. Textos, textos, incluidos los ajenos, al menos en parte — su lectura, nueva refracción, contárselos, en aquel entonces

— entre sueños…