Cuanto se impone: Sobre el dumping chino y la actual situación iberoamericana

Por Juan Pablo Torres Muñiz

Como advertimos antes, una y otra vez, el juego se da a menudo, casi siempre, con piezas ajenas: las nuestras, y apostando, además, nuestra parte del tablero. La ignorancia popular se reviste de indiferencia o cinismo, bajo la batuta de las redes en que se promueve, como sea, la omisión de juicio serio y, ni se diga ya, crítica; a cambio, se ofrece a todo mundo la posibilidad de pasar de sabido soberbio, memero gracioso o abstraído espiritualista, gente feliz. Pero el impacto de la dialéctica de estados e imperios nos afectan a todos bastante más allá de la misma manipulación cegadora y el silenciamiento.

Para nadie es un secreto que China compite hoy con EE.UU. por el dominio de los recursos, medios y el mercado de Iberoamérica… Una de sus principales recursos: el dumping, que pasa, sotto voce, en medios locales.

Desde las coordenadas del Homo Institutionalis, el dumping chino no se reduce a un simple intercambio económico, sino que se configura como un arma que reconfigura el sujeto colectivo de naciones enteras, contrae su mundo material al limitar industrias locales y vulnera su soberanía nacional para generar dependencias asimétricas.

En Hispanoamérica, esta institución extractiva perpetúa el mundo colonial de commodities por manufacturas baratas, erosionando la persona institucional al reducir oportunidades de ampliación racional y emocional, mientras China expande su propio mundo mediante el control del 50% de reservas de litio en el triángulo Chile-Argentina-Bolivia y el cobre peruano, generando tensiones sociales que demandan una problematización crítica para rearticular el mundo hacia la autonomía.

El dumping económico practicado por China emerge como algo muy distinto de un mero incidente comercial, sino como una estructura que moldea sujetos económicos, redefine relaciones entre naciones y contrae o expande el mundo de las sociedades involucradas, conforme a criterios de dominio y dependencia que reclaman un análisis racionalista ecléctico, alejado de idealismos subjetivos o relativismos postmodernos. Se trata de una operación que conecta subsidios estatales chinos con mercados globales, relacionando exceso de producción con precios predatorios que distorsionan la competencia por necesidad estructural de un sistema que prioriza la acumulación sobre el equilibrio.

Definida por la OMC como la exportación de bienes por debajo del costo de producción o valor doméstico, esta práctica está respaldada por subsidios estimados en 248 mil millones de dólares solo en 2019 para políticas industriales, y aunque no es novedad en la economía mundial, su escala por parte de China desde la década de 2010 cuestiona la soberanía de naciones enteras, especialmente en Hispanoamérica, donde el intercambio asimétrico contrae el mundo industrial local y limita su ampliación racional y emocional hacia la autonomía.

[Algo de historia]

En el tejido material de la historia económica, el dumping surge como una operación predatoria que trasciende la China contemporánea, encontrando precedentes en prácticas que reconfiguraron mundos enteros, contrayendo la soberanía de naciones periféricas mientras expandían el dominio de potencias centrales. Su uso en la industria textil británica en la India del siglo XIX, por ejemplo, utilizó subsidios implícitos y aranceles proteccionistas en la metrópoli para inundar el subcontinente con telas baratas de Lancashire, destruyendo la industria artesanal local que empleaba a millones y reduciendo a la India a proveedor de algodón crudo; este patrón erosionó su mundo industrial y perpetuó la dependencia colonial hasta la independencia de 1947, con una caída del 80% en la producción textil india entre 1815 y 1880, según análisis de Amartya Sen en Development as Freedom (1999) y datos de los archivos del British Museum.

Otro precedente es el dumping japonés de electrónicos en la década de 1980; entonces, empresas como Sony y Toshiba, respaldadas por subsidios del MITI (Ministerio de Industria y Comercio Internacional), exportaron televisores y radios por debajo del costo a EE.UU. y Europa, capturando el 40% del mercado estadounidense en 1985 y provocando quiebras como la de Zenith, con pérdidas de 200.000 empleos en la electrónica americana, según informes de la U.S. International Trade Commission (ITC). Geopolíticamente, esto realineó alianzas asiáticas, fortaleciendo el llamado «milagro japonés» post-Segunda Guerra Mundial, pero desencadenó retaliaciones como el Plaza Accord de 1985, que revalorizó el yen y desaceleró Japón.

Durante la Guerra Fría, la U.R.S.S. realizó dumping con materias primas, así exportó aluminio y níquel a precios 50% inferiores a África (por ejemplo, a Guinea y Congo en los años 70), destruyendo industrias locales, generando deudas que ataron naciones enteras a Moscú y causando una caída del 30% en la producción minera africana independiente (World Bank Historical Archives). Esta operación no sólo cuestionó soberanías poscoloniales, sino que justificó ideológicamente el extractivismo neto, un patrón que China replica hoy en el litio boliviano, contrayendo el mundo andino al rol de proveedor crudo.

Finalmente, el dumping alemán de autos en Europa post-Segunda Guerra Mundial, con subsidios del Plan Marshall reconvertidos, inundó mercados con Volkswagen a precios bajos, capturando el 25% del mercado europeo en los años 60 y desplazando industrias francesas e italianas; así provocó la quiebra de Simca, por ejemplo. Geopolíticamente, consolidó el Wirtschaftswunder, pero generó resentimientos que impulsaron la Comunidad Económica Europea (CEE), promoviendo la integración internacional mientras cuestionaba dependencias intraeuropeas.

Rearticulación de mundos, contracción de periferias y expansión de centros, todo en pro de un dominio estratégico.

[El caso chino]

El asunto es claro: subsidios masivos que generan sobreproducción en sectores estratégicos como el acero (53,9% de la producción global en 2023, con utilización al 73,8% frente al 80% en la OCDE), paneles solares (85% de la inversión global en energía limpia en 2022) y vehículos eléctricos (230,9 mil millones de dólares en subsidios entre 2009 y 2023), impulsados por Made in China 2025, que discrimina con exenciones fiscales y préstamos baratos para producir excedentes exportados a precios 80% inferiores en solares (2008-2013) y EVs a 10-20 mil dólares versus 40 mil en Occidente.

El movimiento chino responde a su ralentización interna post-COVID, con una demanda doméstica débil que obliga a exportar excedentes para sostener el empleo y el crecimiento, con la consecuente distorsión de mercados ajenos. Esto es especialmente claro en el rubro del acero donde China representa el 53,9% de las exportaciones globales y tiende al cierre de acereras en Brasil y Perú.

Veamos esto más de cerca: China produce el 53,9% del acero global. En 2023 los precios fueron 40% inferiores a los locales (Asociación Latinoamericana del Acero). En México, las importaciones chinas alcanzan el 45,4% del consumo regional en 2025, lo que provocó cierres de plantas y la pérdida de 11.000 empleos (cantidad similar a la de Brasil), según Aço Brasil y el Ministerio de Economía mexicano. A nivel geopolítico esto fortalece la dependencia mexicana de China, mina la integración con EE.UU. bajo el USMCA al convertir a México en ruta de gestión para el acero chino hacia Norteamérica. Por supuesto, las tensiones con Washington y la erosión de la soberanía industrial mejicana se da con un patrón que recuerda al del dumping británico en la India antes mencionado.

En Brasil, los excedentes chinos cierran fábricas, reducen 20.000 empleos industriales desde 2023 —con un alarmante paralelo en Argentina, por cierto— y fuerzan tarifas del 25% hasta 2026, según el mismo gobierno brasileño. Geopolíticamente, el fenómeno posiciona a China como socio dominante en supply chains de commodities (Brasil exporta hierro a China), realineando Brasil hacia un eje Sur-Sur, por el que compite con Estados Unidos.

En Perú, el dumping en tubos y acero genera investigaciones de INDECOPI. Los antecedentes son preocupantes, por decir lo menos, con cierres como Huachipato en Chile. La pérdida de competitividad minera y el impacto en el PIB de 0,5-1%, según Fastmarkets es ya un hecho. El interés por Perú trasciende por mucho lo económico; en el plano geopolítico, el dumping consolida el control chino sobre otro recurso estratégico de gran interés: el cobre —recordemos que Perú es el segundo productor global— y litio, vía la Iniciativa de la Franja y la Ruta (BRI). Pero hay más; de hecho, según los más recientes hallazgos, el país andino podría superar a México como el primer proveedor mundial de plata. Hoy, que las reservas en oro y este mineral son prioritarios, la noticia debería resonar mucho más, pero, lejos de ser el caso, apenas y se menciona en medios locales (por motivos que han sido tratados antes en otros textos, específicamente sobre control mediático).

En Argentina, 52 de 97 medidas antidumping son contra China, y afectan la industria del calzado y la textil. Al momento, son 20.000 los puestos de empleo perdidos desde 2023 (datos gubernamentales). Bajo el mandato de Milei, las medidas para atraer la inversión china se relajaron, pero sólo al principio; ahora, dada la fuerza del gigante asiático, Argentina ha dispuesto la compra masiva de vehículos asiáticos, lo que realinea la situación en favor hacia Beijing, pese a la retórica pro-EE.UU., un eco del alineamiento argentino con potencias europeas en el siglo XIX.

En Chile, el cierre de Huachipato en 2023 por dumping chino impacta el empleo minero, con importaciones chinas en acero y solares que redujeron la producción local en 30%, según Alacero. Esto fortalece los lazos vía FTA, el control del cobre (Chile: primer productor global), facilitando al BRI su labor, a la vez que debilita las alianzas del país sudamericano con EE.UU.

Veamos, por otra parte, el caso de los paneles solares. China dominaba el 67% de exportaciones globales en 2018, con subsidios de 42 mil millones (2010-2012); con ello provocó 500 quiebras globales hasta 2013; en Chile y Perú, desplazó locales, ahora con una dependencia del 80% en importaciones chinas (IEA). El impacto en la transición energética es evidentemente considerable. Con ello, China se posiciona como líder «verde», controlando las cadenas de suministro de litio y cobre y realineando el conjunto Chile-Perú hacia Asia de forma, acaso, definitiva.

El caso de los vehículos eléctricos merece, también, mención aparte. Los subsidios chinos superan los 230,9 mil millones e impulsan exportaciones +70% (2022-2023) con paso estratégico por México. En Brasil, han generado ya una dependencia automotriz con pérdidas proyectadas de 100.000 empleos si la penetración china alcanza el 30% (Aço Brasil). De este modo, el BRI se fortalece, lo mismo que el enorme control sobre las baterías y el litio.

[Seguimiento del proceso]

El gobierno chino persigue objetivos que conforman una red para asegurar recursos críticos, dominar las cadenas de suministro y posicionarse en un nuevo orden multipolar, cuestionando definitivamente la hegemonía occidental. El plan Made in China 2025 (MIC 2025, 2015, per MERICS 2016) busca autosuficiencia en EVs, solares y acero con subsidios discriminatorios (230,9 mil millones en EVs) y exportaciones predatorias. Complementado por BRI el, redirige excedentes post-COVID con una inversión de 170 mil millones en Iberoamérica. La operación empezó en 2005 con litio, cobre y soja (Dialogue Earth, 2026) y, desde entonces, incluye un trato de desdolarización (130 mil millones en swaps con Argentina y Brasil, 2023, Atlantic Council 2024), con la consecuente erosión de las alianzas occidentales.

Pero qué ha conseguido China hasta el momento…: El control del 70% de exportaciones iberoamericanas de commodities (500 mil millones anuales 2025, 1 trillón proyectado 2030, BID 2025); deudas en Venezuela (60 mil millones) y Ecuador (18 mil millones, CSIS 2024); litio (50% reservas triángulo, 74% inversiones 2025, USGS); el control del cobre en el grupo Perú-Chile; dominio en África, con 255 mil millones para comercio en 2023 (African Development Bank 2024); y más…

[Rivalidad EE.UU. – China en Iberoamérica]

El dumping chino en Iberoamérica conecta subsidios con mercados vulnerables, influyendo en la lucha recursos hasta por 518 mil millones de dólares en comercio bilateral, sólo a 2024 (+6% anual, Aduana china, Dialogue Earth 2026).

China asegura litio (74% inversiones triángulo, USGS 2025), cobre (Perú), soja (75% importaciones chinas 2024).

Entretanto, EE.UU. relanza Growth in the Americas (5 mil millones 2025, CFR 2025), con dumping en EVs-solares (+55% exportaciones a Iberoamérica en 2024 por 4,2 mil millones de dólares), con lo que desplaza a productores emergentes (en Brasil, el 30% del mercado en EVs 2025, con tarifas que equivalen al 35% del total, según Aço Brasil).

Por su parte, Panamá renegocia puertos chinos (2026), Cuba-Nicaragua operan con FTAs China desde 2023, y el megapuerto de Chancay operará el 40% del tráfico por el Pacífico a 2030 (CSIS 2025).

En cuanto a mercados: el 75% de la soja del continente va ya para China, desviando excedentes ante aranceles de la administración Trump por 60% (Página 12 2026). En cuanto a México, la ruta T-MEC opera ya a toda marcha, mientras en Argentina, más del 61% de las importaciones a partir del gobierno de Milei van a dar al gigante asiático (DW 2026).

[Implicaciones en Hispanoamérica]

Nos toca enfrentar una seria desindustrialización crónica, que tiende a perpetuar la trampa de la renta media (PIB per cápita 15-20% OCDE 2030, FMI 2025), la cada vez más grave desigualdad socioeconómica (con tasas de desempleo de más del 25% en los rubros de acero y textiles, sobre todo en Brasil y México) y la realineación a Beijing, principalmente vía Chancay. Estos fenómenos fomentan, además, el autoritarismo, a la vez que incrementan las tensiones por dependencias. ¿El impacto más cercano, lo que toca a todo mundo? Frustración, limitación de la inventiva, ampliación de brechas problemáticas, especialmente para instituciones soberanas… que pierden soberanía.

A abrir los ojos…

 

 

 

Referencias bibliográficas:

  • Alacero (2025). Latin steel industry intensifies blame on Chinese dumping: Alacero Summit 2025. Fastmarkets.
  • Aço Brasil (2025). Impactos do dumping chinês na indústria siderúrgica brasileira.
  • African Development Bank (2024). African Economic Outlook 2024.
  • Sen, A. (1999). Development as Freedom. Oxford University Press.
  • Atlantic Council (2024). China’s economic strategy in Latin America.
  • BID (2025). China-Latin America Trade: Opportunities and Challenges.
  • Banco Mundial (2025). China Economic Update 2025.
  • British Museum Archives (n.d.). Textile Trade in Colonial India (1815-1880).
  • CSIS (2024). Debt Trap Diplomacy: A Reality Check; (2025). Belt and Road Tracker 2025, Power Surge: China’s Electrification Drive.
  • Chomsky, N. (1985). Turning the Tide.
  • DW (2026). China y Estados Unidos chocan en Latinoamérica.
  • Dialogue Earth (2026). Minerals, EVs and US tensions: What next for China and Latin America in 2026?.
  • Ellis, R.E. (2025). Tendencias e Impactos Estratégicos del Compromiso de la República Popular China en América Latina.
  • Ember (2025). China’s clean technology exports hit record high.
  • European Commission (2025). Trade Policy Review 2025.
  • FMI (2025). World Economic Outlook 2025.
  • Hobsbawm, E. (1968). Industry and Empire.
  • IEA (2025). Global EV Outlook 2025.
  • ILO (2024). Global Wage Report 2024-25.
  • MERICS (2016). Made in China 2025; (2020). China’s subsidies and their impact on global trade.
  • Ministerio de Economía México (2025). Impacto del dumping chino.
  • Nueva Sociedad (2025). China y América Latina: recursos, mercados y poder global.
  • OIM (2024). World Migration Report 2024.
  • Página 12 (2026). América Latina en medio de la tensión geopolítica por los recursos naturales.
  • USGS (2025). Mineral Commodity Summaries 2025.
  • U.S. ITC (n.d.). Historical Reports on Japanese Dumping in Electronics.
  • World Bank Historical Archives (n.d.). Soviet Dumping in Africa 1970s.

 

ENGLISH VERSION

What Is Being Imposed: On Chinese Dumping and the Ibero-American Situation

Translation by Tiffany Amber Elías Trimble

As we have warned, time and again, the game is often—almost always—played with others’ pieces: our own. And furthermore, we are wagering our side of the board. Popular ignorance cloaks itself in indifference or cynicism, conducted by the networks that promote, by any means, the omission of serious judgment, let alone criticism. In exchange, everyone is offered the possibility of passing for a supercilious «intellectual,» a witty «memelord,» or an abstracted spiritualist—happy people. But the impact of the dialectic of states and empires affects us all, far beyond the blinding manipulation and the silencing itself.

It is no secret that China today competes with the U.S. for dominance over resources, means, and the Ibero-American market. One of its primary tools is dumping, which occurs sotto voce in local media. From the coordinates of Homo Institutionalis, Chinese dumping is not reduced to a simple economic exchange; rather, it is configured as a weapon that reconfigures the collective subject of entire nations, contracts their material world by stifling local industries, and undermines national sovereignty to generate asymmetric dependencies.

In Hispanic America, this extractive institution perpetuates the colonial world of «commodities for cheap manufactures,» eroding the institutional persona by reducing opportunities for rational and emotional agency. Meanwhile, China expands its own world through the control of 50% of lithium reserves in the Chile-Argentina-Bolivia triangle and Peruvian copper, generating social tensions that demand critical problematization to rearticulate the world toward autonomy.

The economic dumping practiced by China emerges as something far distinct from a mere commercial incident; it is a structure that molds economic subjects, redefines relations between nations, and contracts or expands the world of the societies involved. This occurs according to criteria of dominance and dependence that demand an eclectic rationalist analysis, far removed from subjective idealisms or postmodern relativisms. It is an operation that connects Chinese state subsidies with global markets, linking overproduction with predatory prices that distort competition out of the structural necessity of a system that prioritizes accumulation over equilibrium.

Defined by the WTO as the export of goods below production cost or domestic value, this practice is backed by subsidies estimated at 248 billion dollars in 2019 alone for industrial policies. Although it is not a novelty in the world economy, its scale—wielded by China since the 2010s—questions the sovereignty of entire nations, especially in Hispanic America, where asymmetric exchange contracts the local industrial world and limits its rational and emotional expansion toward autonomy.

A Historical Perspective

In the material fabric of economic history, dumping emerges as a predatory operation that transcends contemporary China, finding precedents in practices that reconfigured entire worlds, contracting the sovereignty of peripheral nations while expanding the dominance of central powers. Its use in the British textile industry in 19th-century India, for example, utilized implicit subsidies and protectionist tariffs in the metropole to flood the subcontinent with cheap Lancashire cloth. This destroyed the local artisan industry that employed millions and reduced India to a supplier of raw cotton; this pattern eroded its industrial world and perpetuated colonial dependence until independence in 1947. According to Amartya Sen in Development as Freedom (1999), Indian textile production saw an 80% drop between 1815 and 1880.

Another precedent is Japanese electronics dumping in the 1980s. Companies like Sony and Toshiba, backed by subsidies from MITI (Ministry of International Trade and Industry), exported televisions and radios below cost to the U.S. and Europe, capturing 40% of the American market by 1985. This caused bankruptcies such as Zenith’s and the loss of 200,000 jobs in the American electronics sector, according to the U.S. International Trade Commission (ITC). Geopolitically, this realigned Asian alliances, strengthening the so-called «Japanese Miracle,» but triggered retaliations like the 1985 Plaza Accord, which revalued the yen and slowed Japan’s growth.

During the Cold War, the U.S.S.R. utilized dumping with raw materials, exporting aluminum and nickel at prices 50% lower to Africa (e.g., Guinea and Congo in the 1970s). This destroyed local industries and generated debts that tied entire nations to Moscow, causing a 30% drop in independent African mining production. This operation not only questioned post-colonial sovereignties but also ideologically justified net extractivism—a pattern China replicates today in Bolivian lithium, contracting the Andean world to the role of a raw material supplier.

Finally, German auto dumping in post-WWII Europe, utilizing repurposed Marshall Plan subsidies, flooded markets with low-priced Volkswagens, capturing 25% of the European market in the 1960s and displacing French and Italian industries (causing the bankruptcy of Simca, for example). Geopolitically, it consolidated the Wirtschaftswunder, but generated resentments that drove the formation of the European Economic Community (EEC), promoting integration while questioning intra-European dependencies.

This is the rearticulation of worlds: the contraction of peripheries and the expansion of centers, all in favor of strategic dominance.

The Chinese Case

The facts are clear: massive subsidies generate overproduction in strategic sectors such as steel (53.9% of global production in 2023), solar panels (85% of global investment in clean energy in 2022), and electric vehicles (230.9 billion dollars in subsidies between 2009 and 2023). This is driven by Made in China 2025, which utilizes tax exemptions and cheap loans to export surpluses at prices 80% lower in solar (2008–2013) and EVs at 10–20 thousand dollars versus 40 thousand in the West.

China’s move responds to its post-COVID internal slowdown. Weak domestic demand forces it to export surpluses to sustain employment, resulting in the distortion of foreign markets. This is especially evident in the steel sector, where China accounts for 53.9% of global exports, leading to the closure of steel mills in Brazil and Peru.

In Mexico, Chinese imports have reached 45.4% of regional consumption in 2025, causing plant closures and the loss of 11,000 jobs. Geopolitically, this strengthens Mexico’s dependence on China and undermines integration with the U.S. under the USMCA by turning Mexico into a transshipment route for Chinese steel into North America. The erosion of Mexican industrial sovereignty follows a pattern reminiscent of British dumping in India.

In Brazil, Chinese surpluses have closed factories and cut 20,000 industrial jobs since 2023. Geopolitically, China is now the dominant partner in commodity supply chains, realigning Brazil toward a South-South axis that competes with the United States. In Peru, dumping in steel pipes has triggered investigations by INDECOPI. The precedents are worrying—notably the closure of Huachipato in Chile. Furthermore, dumping consolidates Chinese control over strategic copper and lithium via the Belt and Road Initiative (BRI). Recent findings suggest Peru could surpass Mexico as the world’s leading silver supplier; yet, this news is barely mentioned in local media due to established patterns of media control.

In Argentina, 52 out of 97 anti-dumping measures are directed at China. Under the Milei administration, despite pro-U.S. rhetoric, the massive purchase of Asian vehicles realigns the situation in favor of Beijing—an echo of Argentina’s 19th-century alignment with European powers.

Implications for Hispanic America

We face a state of chronic deindustrialization that threatens to perpetuate the middle-income trap. This phenomenon fosters authoritarianism while increasing tensions due to dependency. The most immediate impact—that which affects everyone? Frustration, the stifling of ingenuity, and the widening of problematic gaps for sovereign institutions… that are losing their sovereignty.

It is time to open our eyes.