EN LA SALA DE EXPOSICIÓN - 18
Ventanas, — en cada página, las hojas: ilustraciones en blanco y negro y a color, fotografías, también de ambos tipos, y debajo, letras, palabras, algunas de las cuales comenzaba ya reconocer evocadoras de determinados sonidos, por lo que operaban más bien como — grietas hacia otro plano, — generaban entonces imágenes nuevas, momentos, inclusive; mucho más allá de sí mismas…, algo de lo que, una vez consciente, poco más adelante, apenas un par de años, me aferraría para cambiar mi principal labor: del dibujo a la escritura, para — dibujar mediante la participación de quien lee, algo mayor, más complejo: hechos, sucesos, situaciones, fenómenos, así como la teoría detrás, aparte el testimonio de la práctica, ah — la vida, — memoria — que despertaba así, cuando era necesario todavía memorizar tanto, incluso siendo implacable en la selectividad, priorizando qué, conforme un porqué lo menos controvertible posible, ya desde el principio, en la nueva casa, donde el recuerdo empezó a elevarse, mas sin idealización alguna, sereno, simplemente — eco de algo ciertamente mejor por frondoso, por contener desde el principio la potencia de la vitalidad, encarnada en Ella, embajadora del bosque, custodia, no obstante, del don apolíneo en cada gesto y elección, antes del arribo donde la revelación de la finitud me impelió ya, definitivamente, pues, sino, todo, todo se perdería, me dije, pues cada visión, cada refracción, el espíritu — en las escrituras, sin continuadores, — el horror, la nada, nada…; de modo que me di a ver, ver, ver…
cuadros como los tuyos, Ana; y palabras como las mías, que los acompañan al pie, — en abundancia, sí, aunque nunca suficiente, por lo que se justificaba el repaso, una y otra vez, — apropiación plena, con urgencia, en caso, fuera obvio, debido a la baja calidad del papel, por ejemplo, o que se trataba de una transmisión, apenas por televisión o radio o, más todavía, cuando el texto, la imagen, la realidad en sí misma asombrosa pasaba ante mis ojos apenas un instante, para perderse luego, probablemente para siempre, o eso creía, de hecho, hasta que me di con rescates de archivos, de todos modos estropeados, tantos años después, infieles; y es que, al menos las palabras, pueden resonar, elevarse por sobre la tabla, el muro, la hoja, la pantalla, ser — aliento, espíritu, cien, mil veces…, siempre mediante continuadores, cuestionadores, — una tradición y, sólo a partir de ella, también, su traición — libertad…,
pero no de hacer o no, sino de variar los modos, dar con nuevas formas — para nuevos fondos, a lo que sólo es posible llegar mediante esa curiosa combinación de talento, trabajo y fortuna, sin que medie en realidad tanto ningún placer particular por sí mismo; — lo que me lleva a lo que nos ocurrió, ¿recuerdas, Ana?, con los estudiantes del foro: entonces, ¿les gusta lo que hacen?, pero es que no se trata de gustos, es absurdo; ah, entonces no les gusta; tampoco se trata de eso, — hay quienes simplemente articulamos la realidad, las ideas, mediante estos recursos; a fin de cuentas, escribir, por ejemplo, implica la domesticación del pensamiento; como fuere, dado que es una forma de articular la realidad, también salvajemente (pues eso de domesticar ocurre sólo al principio, como cuando se aprende afinación y solfeo, antes de componer música), no hay más opción…; de hecho, he tratado de dejar de leer y de escribir más de una vez, todas en vano…: una mierda… insoportable; así que, heme aquí con una artista que seguro también trató…; ah, entonces, dijo otro de los chicos, es como una condena…; aunque lo parezca, no, no precisamente, ni mucho menos; si fuera tan simple, así como tanto farsante se lo pinta, entonces ellos mismos harían, en vez de lo que venden, algo aceptable, pero no es el caso; ¿y usted?, a lo que — interviniste: esto requiere disciplina…; y añadí: pasa que el rollito del romanticismo (y el malditismo) francés ha infectado con todo los campus; mucho borracho, drogo y pavo pretendidamente espabilado…, cuando se trabaja, en realidad, horas y más horas, día por día…; tú: — acaso por nada, sin garantías…; la vocación, si quieren, es — como una novia voraz…
