EN LA SALA DE EXPOSICIÓN - 13

Entonces, quizá el mejor modo de aprovechar la calma, el retorno: una declaración — sobre el recuerdo, la reconstrucción, decir, y afirmo, que atiende a una lógica cuyo desarrollo es también materia de atención, siempre que se quiera entender, por supuesto, de qué va esto en el fondo, haber vuelto a la vieja casa de Miraflores, de ella a la primera en la ciudad, con su jardín, y, antes, al bosque mismo, para seguir luego hacia adelante, mas siempre a la sombra de las mujeres flores, muchachas, y no tanto, flama del bosque, en todo caso, múltiple — fertilidad, un camino que, de una u otra forma, todos los hombres hacemos, más o menos conscientemente; — así que me adentraré en la historia desafiando el miedo que sé que antes me llevó a componer una suerte de biografía compacta efectista y efectiva fácil de transmitir, cuyo impacto, por supuesto — más o menos medido para, vaya, qué usos — a mi vida…, lo que también quedará al fin en evidencia, — veremos, veremos — y serán recuerdos, una memoria cuyo armado recorre en este caso un motivo: la plenitud femenina, el sentido masculino, y en el extremo de cada uno, prescindiendo del otro, destrozándolo, la muerte, motivo elegido bajo la sensación de que es éste el que me elige a mí, — lenguaje — domesticación del pensamiento — ¿y el resultado?, acaso una ofrenda: es que me impulso creyendo que en efecto puede importar; — haré — lo mejor que pueda…;

aunque me encantaría deshacerme de la idea, pero es lo único que, apenas con un mínimo gesto por combustible, con el asomo tímido de una remota esperanza, al revivir, me revive; y vivo de veras, — verás: la persona es una invención que nos sobrevive, sí, y sólo en textos, pero hay textos, millones, que van a parar a la basura, que ni siquiera se convierten en ceniza; ningún sacrificio les debe ni el humo, salvo en tanto parte de una masa, lo que equivale a nada, nada particular; — persona — invención — que se conecta con sus pares, porque no se relaciona; no hay categoría ni criterio que permita plantear efectivamente una relación; personas — que se conectan y en determinado punto generan nuevas personas: un nosotros; sabes de qué hablo, Ana, porque las sociedades son algo distinto: implican sus criterios, sus campos de equivalencia e igualdad, todo tan racional, medible, así que no cabe hablar de un nosotros y una sociedad de gananciales a la vez; esto último es una institución práctica, que sí que sirve, pero ves que tiene vía propia; no, me refiero a personas, un nosotros — un sí es — somos — clave de nos, como lo que quise creer — ojos almendrados, cejas altas, asintiendo, mientras omitía, desde luego, la palabra amor: invención creadora de esa nueva persona, justificante, edificio, fuerte, refugio, trinchera — un sí en clave de nos que clama: no a la muerte; mientras ella, la muerte, claro — razón, racionalización última, incontestable, trazo tiempo espacio circunstancial en culmen material, definitoria definitiva — indefinida sino como fin: un sí que es no…,

ante lo que el espejo responde apenas: persona que se desdibuja — soñando, de forma que el silencio sería renuncia total, no sólo a Ella, sino también a mí, querida Ana, y la aceptación de la definición impuesta en carcajada batiente ante la razón de los hombres, y no, no humano, propio, bastante más que simple voluntad, cabe — claro que cabe…