Ámbitos: Conversación con Marita Chávez sobre su muestra "Rememorar"

Con Juan Pablo Torres Muñiz

Lejos de los lugares comunes, los sitios que, aunque conocidos, de pronto, merced de la visión que los expone, se nos revelan no sólo menos familiares de lo que se suponía, sino que acaban por confrontarlo a uno con la noción de verdad con la que se los concebía parte de nuestro mundo, con la que creíamos habitarlos. Cuestión de perspectiva.

Marita Chávez retornó como muchas otras veces a casa de su abuela, hasta que un buen día detectó más nítidamente que antes, replegadas en sus sombras, luces sobre sí misma, sobre la memoria, en general, y el camino que cada quien desarrolla, explorando ámbitos cada vez mayores.

El origen…

Sí. Fue, sin embargo, algo que de algún modo tenía ya planeado. Exploré en varios bocetos la posibilidad. Entretanto, desarrollé otras muestras; digamos que la idea no acababa de cobrar una consistencia suficiente.

La clave provino del carácter mismo de cada una de mis aproximaciones. Se trata de imágenes sombrías, es obvio, pero hay, en todo caso, una luz que permite distinguir los detalles de los interiores.

A un lado la esperanza, que acaba siendo una explicación grosera, acaso el modo de ver cuya representación se ofrece en los lienzos represente una continuación de una exploración anterior…

Cierto… Antes trabajé bastante el cuerpo. De hecho, el sujeto, la modelo era yo misma, pero desde mi propio punto de vista, es decir, asomando sobre… el paisaje que era yo misma.

En tal sentido, acaso, asistimos a un desplazamiento de la visión…

El tiempo pasa, uno se expande, en la medida de lo posible.

Puede ser…

Ahí se ven las sombras…

Pero también es posible que se trate, como antes, de tu cuerpo, como materia que proyectaba su sombra, de un nuevo asomo de extrañeza.

De una parte tenemos la intención del autor de la obra, no siempre clara para él mismo, al punto que suele surgir como una necesidad.

Este fue el caso. Una vez de vuelta allí donde había vivido tantos momentos no precisamente felices, de pronto surgió, con el tiempo, una nueva interpretación de su significado: el sitio me insinuaba una belleza propia que debía poder… sacar a la luz.

Y he ahí el punto: la luminosidad acompaña la visión que, entonces, procura fidelidad al silencio elocuente de las habitaciones, extraviados los ecos.

Uno debe conseguir el efecto, aunque no tenga en claro su denominación.

Suelo pintar mucho en directo, allí mismo, con la luz natural, y luego retocar, alterar, inclusive, considerablemente ciertos elementos.

Dado que los modos acusan siempre influencias, ¿cuáles te vienen a la mente?

Mientras pintaba no pensaba en ningún referente en particular, pero después, con la muestra completa, me di cuenta que había en las imágenes cierto aire a Wilhem Hammershoi. Y también de ciertos trabajos de Ricardo Córdova.

Pero tú haces lo opuesto. En sus ambientes cerrados, la geometría cercana, y la palidez de los ambientes se abre o, más bien, acusa el contraste con un exterior caótico, de colores fuertes, de una intensidad de tormenta. En tu caso, la luz cumple una función favorable al orden, a la contemplación de la historia personal, sin duda más serena que cuando se labró allí mismo en el pasado.

Me conmueve el abandono. Algo insta a decir que alguien debe hacerse cargo. Al menos para comprender.

De modo que, ante todo, se trata de observar, fijar la mirada el tiempo suficiente para que cada objeto diga de sí y del conjunto cuanto toca. Reconocer, identificar, advertir… y, entonces, sólo entonces, considerar la necesidad de otra clase de intervención.

He ahí también las ventanas. Y es cierto que hablar sólo de esperanza puede resultar pueril, pero no cuando consideramos la necesidad de creer en algo. Un anhelo vuelto ficción útil. Pero aún así, ha de tener un ámbito muy limitado en uno. Incluso cuando son grandes, aquí, apenas cuelan luz de afuera, sólo la suficiente, la útil.

A la visión…

Y la visión continúa su ampliación o, más bien, tú continúas tu exploración…

Así es.

Ahora que lo pienso, siguiendo lo que decías, primero el cuerpo, luego la mirada desde él…

Pero…

Pero hay otros rumbos de exploración.

Hacia adentro, nuevamente a lo íntimo, como en el primer y el segundo caso. Del presente al pasado, en parte, y ahora toca el futuro…

Algo así. Hacer del cuerpo mismo una ventana…

A partir de las coordenadas de sentido y plenitud, cabe decir que, mientras lo primero surge siempre de afuera, por estímulo, y se proyecta de vuelta al exterior como afirmación dialéctica: verbo; lo segundo equivale a un internamiento en lo informe…

El bosque.

Sí. O el mar.

En mi caso, lo primero…

Mira:

La exploración va en marcha…

En eso andamos. Quién sabe, después.

Tú dirás… Con la imagen elocuente.